La práctica de Echeverría se centra en instalaciones in situ que responden a su entorno. Su residencia en Awasi Iguazú llevó este enfoque a nuevos extremos al enfrentarse a la vitalidad y complejidad del ecosistema de la selva tropical.
Sistemas vivientes
En lugar de llevar materiales al bosque, Echeverría decidió trabajar exclusivamente con lo que encontró allí: ramas caídas, vainas de semillas, hojas en diversos estados de descomposición y los procesos naturales de crecimiento y descomposición.
Sus instalaciones fueron diseñadas para evolucionar con el tiempo, incorporando elementos vivos que seguirían creciendo y cambiando tras su partida. Una pieza consistía en guiar vides para que crecieran a través de una delicada estructura de ramas, creando una escultura que eventualmente sería absorbida por la misma vida que enmarcaba.
Monumentos efímeros
“Me interesa el arte que no busca la permanencia”, explica Echeverría. “En la selva tropical, vi la rapidez con la que las cosas se recuperan, se reciclan y se transforman. Mi trabajo aquí se trata de participar en estos ciclos en lugar de interrumpirlos”.
Cada mañana regresaba a mis instalaciones y las encontraba transformadas: habitadas por insectos, adornadas con rocío, parcialmente desmanteladas por el viento. El bosque fue mi colaborador. – Florencia Echeverría
La documentación se convirtió en una parte crucial de su práctica, pues fotografió sus instalaciones en diferentes momentos del día y en diversas condiciones climáticas. Estas imágenes capturan no solo las formas físicas, sino también la vida que se movía a través de ellas y a su alrededor.
El enfoque de Echeverría hacia la residencia encarna la filosofía del programa de Inmersión Artística Awasi: crear trabajos que profundicen nuestra conexión con el lugar respetando al mismo tiempo el delicado equilibrio de los ecosistemas que nos inspiran.