Cecilia Nigro – “Cuando Me Baje El Alma Al Cuerpo”
La ceramista argentina Cecilia Nigro explora la alquimia y los procesos intrínsecos de la metamorfosis material. La fragilidad, la morfología y la casi ausencia de color impregnan sus obras.
La arcilla lo recuerda todo: cada roce, cada movimiento, cada instante de calor. Trabajar con ella es como conversar con la tierra misma. – Cecilia Nigro
Nigro llegó a Awasi Iguazú con una misión específica: trabajar con arcillas locales y comprender cómo las singulares condiciones geológicas de Misiones influyen en las prácticas cerámicas. Su estética minimalista, típicamente expresada en porcelana blanca pura, estaba a punto de entrar en contacto con la rica tierra férrica de la selva tropical.
Memoria de la Tierra
La arcilla roja de Misiones, formada a partir de basalto meteorizado y rica en óxidos de hierro, presentaba tanto desafíos como oportunidades. Su alto contenido de hierro la convertía en rojos y negros intensos al cocerse, una ruptura drástica con la paleta habitual de Nigro.
“Al principio, me resistí al color”, admite. “Pero luego me di cuenta de que intentaba imponer mi estética al material en lugar de escuchar lo que este quería convertirse. Una vez que me dejé llevar, la obra empezó a fluir”.
Formas metamórficas
Las piezas de Nigro en la residencia exploran temas de transformación e impermanencia. Creó una serie de vasijas inspiradas en vainas y crisálidas, formas que evocan el potencial y el cambio. Algunas piezas fueron diseñadas intencionalmente para quebrarse o desmoronarse con el tiempo.
En la selva tropical, nada es permanente. Todo está en constante transformación. Quería que mi obra reflejara esto. – Cecilia Nigro
Sus técnicas de cocción experimentales, utilizando maderas y hojas locales para crear efectos superficiales únicos, dieron como resultado piezas que parecen llevar en su interior la memoria del bosque. Las sombras de la ceniza, las impresiones de las hojas y las variaciones naturales de la arcilla crean un diálogo entre el control y el azar.
La residencia de Nigro ejemplifica cómo el programa de inmersión artística Awasi desafía a los artistas a salir de sus zonas de confort, lo que genera momentos innovadores que transforman su práctica.